ARTE PREHISPÁNICO

El arte en el México prehispánico es heredero de la cultura Olmeca. De ahí tomó los patrones, los cánones, las expresiones que lo caracterizó para casi todo Mesoamérica. Terrible, sublime, naturalista, simbólico, etc. Una verdadera abstracción, una nueva forma de ver la naturaleza, al hombre, a la sociedad y sus instituciones. Una forma de captar la esencia de los fenómenos naturales y sociales y luego expresarlos en los materiales plásticos con que contaban, piedra, madera, obsidiana, cal y canto, arcilla, pigmentos, textiles y plumas, etc. Todo material moldeable y maleable fue bueno para expresar las ideas y los conceptos de una sociedad fuertemente jerarquizada que sujeta a los dictados de las clases dirigentes cumplían fielmente con los patrones culturales de su sociedad.

En la cima del gran adoratorio de la cultura cumbre de Mesoamérica encontramos a los Mexicas, Tenochcas o Aztecas. Todo el acervo de expresiones artísticas, la arquitectura, la pintura y la escultura; posiblemente no con el grado de refinamiento de la cultura Teotihuacana, pero no por eso menos mítica, simbólica y expresiva. Magia y religión, simbiosis inseparable de su vida cotidiana.

El arte en el México Prehispánico no era libre y tampoco los artistas, pues eran simplemente instrumentos de las divinidades de tal manera que los artistas traducen sentimientos mágico-religiosos al lenguaje plástico.

Todo bajo el empuje de una erudita y poderosa casta sacerdotal que todo lo controlaba.

En cuanto al carácter estético del arte prehispánico, al espectador occidental por lo general le parece y siempre le ha parecido, desde el arribo de los europeos a estas latitudes, como expresiones de un pueblo o pueblos bárbaros y sanguinarios, que ofenden el buen gusto, lo bello. Lo que los occidentales no entendieron y aun no quieren entender es que estos pueblos con su “arte” no pretendían agradar con sus obras a espectadores curiosos sino satisfacer su necesidad de comunicación. Como las entidades superiores Todopoderosas y creadoras de la que ellos, los pueblos eran cocreadores, esto es, continuadoras y preservadoras de la creación. Por eso poco les importaron las categorías bonito o feo, pero si la categoría expresión, que fueron comunicadoras de una infrarealidad, el subrealismo.

En el arte prehispánico tampoco existe el concepto de retrato ni de relato de la vida cotidiana o el contemplativo de la naturaleza. En las pinturas murales Teotihuacanas donde se expresa la naturaleza es porque está impregnado de un sentido mágico-religioso y no la naturaleza por la naturaleza misma. Y tampoco tiene un propósito de catálogo ilustrado de flora y fauna de la región; ya que estas especias jamás las encontraríamos con la realidad tal y como se expresan. Son formas simbólicas.

 

 
 
 

LINEA DEL TIEMPO

 

EL ARTE EN EL PRECLÁSICO INFERIOR (1800 a.c. al 1300 a.c.)

En la Cuenca de México tenemos vestigios de pequeñas comunidades rurales tales como Tlatilco, Zacatenco y el Arbolillo. Su cerámica es sencilla y utilitaria. Jarros cilíndricos, platos de fondo plano de barro cocido con sencillas decoraciones geométricas, vasijas de fondo rojo y ornamentación blanca. Figurillas antropomorfas representando personajes femeninos muy estilizados, brazos y piernas están meramente indicados expresiones faciales y algunas de las prendas y tocados solucromado con la técnica del pastillaje que son bolitas y banditas de barro aplicados a la figurita, además de esgrafiados y punzonados para complementar los detalles. Todas estas figurillas femeninas puede que hayan representado diosas de la fecundidad y de la prosperidad agrícola.

EL ARTE EN EL PRECLÁSICO MEDIO (1300 a.c. al 800 a.c.)

También produjeron unas hermosas figuritas llamadas “mujeres bonitas” que posiblemente nos hablan de un matriarcado. Sobresalen Copilco, Tlatilco, Gualupita y Chalcatzingo con el Altiplano Central. Éstas culturas se caracterizan por unas hermosas figuritas femeninas. Hoy llamadas “mujeres bonitas” y que han aparecido con abundancia. Fueron elaboradas a mano. Tienen aproximadamente 10 cm. de alto y están elaboradas con la técnica del pastillaje sobre modelado. Casi no tienen sus manitas y los pies pero si ostentan aplicaciones que nos hablan de algún tipo de joyas. Tienen escasa ropa, bulbosas piernas, peinados en flecos y mechones laterales y algo muy interesante decoración corporal que posiblemente nos habla de la práctica de tatuajes.

También hay figurillas con dos cabezas abundantes con Tlatilco y posiblemente nos remiten a la dualidad mágico-religiosa. Otra muestra expresiva muy bella e impresionante es la dualidad vida-muerte expresada en una serie de mascaritas diseccionadas en una mitad encarnada y la otra descarnada.

EL ARTE DEL PRECLÁSICO SUPERIOR (800 a.c. al 200 a.c.)

El cerro del Tepalcate, Tlapacoya y Cuicuilco en la Cuenca de México. Este periodo se caracterizó por su cerámica de fuerte influencia olmeca ejemplo de ello Tlatilco con su cerámica con decoración raspada o excavada, su pintura al temple y por la frecuente aparición de atributos del hombre jaguar. También se localizó en Tlatilco una cabeza de barro hueca de las llamadas “cara de niño” de clara influencia olmeca.