El 27 de septiembre de 1821 se consuma la independencia de México, pero el país estaba en la ruina. Tanto la junta de notables que se nombró para regir los destinos del país, como el Congreso que entró en funciones en 1822, iniciaron una pugna para decidir si debía establecerse un gobierno liberal o borbonista, lo que aprovecha Iturbide y sus seguidores para establecer un Imperio con Iturbide a la cabeza en mayo de 1823.

Su sueño no duró mucho, diez meses después, su mal gobierno provocó una rebelión encabezada por Ignacio López de Santa Anna que lo obligó a abdicar y desterrarse a Italia de donde volvió para intentar suerte otra vez, pero fue fusilado en 1825.

Esta vez, el nuevo Congreso Constituyente optó por una forma de gobierno de república federal y Guadalupe Victoria pasó a ser el primer presidente de México.

Pero esto no significó que los problemas del naciente país estuvieran resueltos, se inició la lucha entre los que anhelaban un gobierno centralista y los que preferían una república federal y con ello se dio nacimiento a dos grupos que estuvieron durante varios años en constante lucha: conservadores y liberales.

En 1928 tomó la presidencia Guerrero, pero fue asesinado en 1831 por Anastasio Bustamante, su vicepresidente, para quitarle el poder, a partir de ese momento la república se vio envuelta en varias rebeliones y hasta un intento de reconquista por los españoles que fue repelido por el general Santa Anna.